Cargando...

La existencia


miércoles, 25 de enero de 2012

« sin comentarios»

Hoy ha muerto de forma inesperada un amigo de alguien que fue muy importante en mi vida y así, de nuevo, me he topado con la Parca. Hace seis meses murió también de forma prematura el hijo pequeño de un compañero del alma muy cercano, y la fuerza de la señora de la guadaña arrasó en mi entorno. Somos simios muy curiosos con un sentido del pasado, del presente y del futuro basado en nuestra forma de entender cómo pasa el tiempo, cómo sentimos a los que está cerca y desaparecen y lo inesperado nos sorprende, siempre. La pérdida de un amigo, de un familiar, nos produce un dolor profundo, a veces más destructor que el dolor físico, y buscamos consuelo en el abrazo, en compartir la pena con los semejantes para que se haga menor en cierta forma. A veces, casi siempre, el tiempo se encarga de restañar las heridas, de amortiguar dolores y nunca, o casi nunca, de hacer olvidar a quien se ha ido del planeta. No hay fórmulas mágicas para solucionar el trance, superarlo antes o después depende, casi en exclusiva, del tipo de persona que somos, pero el planeta sigue girando y como hacía el Terminator de la segunda entrega, hemos de buscar energía en todos los rincones de nuestro ser para volver a la vida y a la lucha. Hay que pasar el duelo, sí, pero no hundirse en él, porque la pelea sigue y todo el mundo se merece un buen epitafio. Yo quiero merecerme el mío: "Quería saber. Sabía querer".

PS: Mikel eta Jaime, in memoriam.



La música no deja de ser un ruido agradable


martes, 24 de enero de 2012

« sin comentarios»

El otro día en Facebook, esa taberna digital del cotilleo, una amiga se quejaba de que yo no mostrará pasión por la música. Es curioso que no se cuestionara las razones de mi indiferencia hacia el fútbol u otros deportes de masas, o el pasotismo que muestro ante la televisión, pero a mucha gente le parece una marcianada que no me ponga nada ese arte de las 7 notas. Tendría cosas que decir en mi descargo, como que en mi casa no tuve equipo de sonido hasta muy tarde, pero mi hermana “sufrió” la misma situación y es bastante melómana, así que no hay disculpa. Desde siempre he sido más de libros que de discos, me han gustado más los sonidos de mamá Natura que los que hace el Homo sapiens y que llama música, ese constructo humano tan lucrativo. No puedo asegurar que alguna canción, alguna obra clásica, no me haya hecho tilín en algún momento, pero soy de esas personas que saben vivir aunque les falte su dosis de corcheas. En mi radio prefiero la palabra, en la Naturaleza los sonidos del viento y la tormenta, y en mi cabeza no suenan los acordes de la última canción de “los 40” sino los chispazos de mis neuronas. Rarito que es uno.



La sonrisa oblicua


sábado, 21 de enero de 2012

« sin comentarios»

La intimidad ha saltado por los aires con esto de los teléfonos móviles, y si además no tienes vergüenza, poco importa lo que cuentes y cómo lo cuentes. Ayer en el metro había una pareja en esa tesitura: ella tecleaba en la pantalla táctil de su smartphone, mientras él mantenía una conversación a un volumen adecuado para que todo el vagón se enterara. Escuchamos, yo con interés, la verdad,  la triste historia de un amigo de ambos al que le dejó su pareja la víspera de nochevieja. El chico contaba sin ningún recato y con voz clara y audible, cómo él había ejercido de buen samaritano y le había sacado a pasear, para que se airease y tal vez encontrase una nueva pareja, "porque ya sabes cómo es esto" le comentaba a su interlocutor. Parece ser que el abandonado afirmaba amargamente que "el golpe de la pérdida le iba a tener hundido un tiempo infinito". Justo al decir esto, la chica que estaba a su lado y que ya había guardado su móvil, dibujó una sonrisa torcida que no supe interpretar. ¿Acaso era solidaridad femenina? ¿Tal vez compasión? ¿Acaso maldad humana pura y dura? ¿Igual ella sabía más que su chico sobre las circunstancias ajenas y dejaba ver así su posición? La sonrisa oblicua me dejó intrigado, ¡pardiez!



Esos ojos tristes...


lunes, 16 de enero de 2012

« sin comentarios»

Esto de tener el radar siempre encendido hace que te fijes en cosas que de otra forma te pasarían desapercibidas. Hoy una chica estaba esperando que abriesen el comercio donde trabaja y su móvil ha sonado con un alegre soniquete. Se lo ha acercado al oído, ha reconocido la voz al otro lado de las ondas, o eso he creído entender por sus gestos, y de repente ha ocurrido el drama. Era de esas chicas a las que en otras circunstancias le dirías que estarías encantado de hacer un par de largos en las piscinas olímpicas que eran sus ojos azules, pero en su cara y aún sin apartar el móvil de su melena, zas!, la tristeza ha caído como un pesado velo. Su cara se ha descompuesto pero no ha cerrado los ojos, sencillamente, blandamente, como no queriendo molestar al que le miraba de hito en hito, casi inunda la calle en un torrente de lágrimas desconsolado. Ha colgado, ha guardado el móvil y se ha quedado así, firme, con los ojos bien abiertos, sin hipos ni movimientos desesperados, mientras dos goterones impresionantes le resbalaban por sus mejillas camino de sus labios donde se colaban por la comisura hasta desaparecer. Miraba al portal de enfrente pero estoy seguro de que no veía nada, y azorado por mi propia mirada, por si le resultaba ofensiva de tanto fijarla en ella, allí la he dejado cuando alguna lágrima ya había traspasado la barrera de la boca y se desplazaba rauda a su barbilla. Al pasar más cerca de ella la música del móvil, que ya no me parecía tan alegre, sonaba amortiguada e insistente en su bolso. Ya sé que soy un perfecto desconocido para esa anónima, pero ¡leches!, mi impulso ha sido abrazarla. No lo he hecho e igual nos hubiera venido bien a los dos. Casi seguro.



Reunión de pastores...


miércoles, 11 de enero de 2012

« sin comentarios»

Hoy hemos tenido en el insti una de esas reuniones que te dejan el culo plano, de esas donde intentamos mejorar la práctica docente y en las que nadie se escaquea ni lanza balones fuera. En este trabajo y en mi pequeño instituto, la preocupación por mejorar es un virus bastante extendido y lo que nos falta a veces, sólo a veces, es un poco más de arranque para adoptar las medidas adecuadas. Tenemos problemas con los rendimientos en varias asignaturas, nos vemos asediados por abajo y por arriba, por lo que nos viene de la escuela con sus costumbres, sus rutinas y sus sistemas, y con las que tenemos que generar para que no se quejen demasiado en el centro al que van una vez que salen del nuestro. Por otra parte, esta sociedad va a un ritmo desenfrenado y genera dinámicas de aprendizaje y de olvido que poco tienen que ver con el modelo clásico de enseñanza, así que tenemos que renovarnos a diario y a una velocidad parecida, ¡glub! Estamos en Educación Secundaria Obligatoria y no sé cuál de las tres palabras me genera más dudas, porque la primera me parece demasiado global, la segunda puede ser más que un calificativo y convertirse en un "descalificativo", y la tercera es algo que no se nos debe olvidar a la hora de repartir títulos o de no hacerlo, toda una responsabilidad. Los políticos nos descalifican a diario, la sociedad nos cuestiona, pero os puedo asegurar que siempre, y digo siempre, buscamos lo mejor para esos peques que han de ser nuestro futuro. ¡Lo lograremos!


Ir Arriba
Creative Commons LicenseOldbook by Oloman is licensed under a Creative Commons License.
Based on a work at Minima Black de Douglas Bowman para Blogger.