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Aire, que viento ya anda!


lunes, 28 de noviembre de 2011

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Hace un par de semanas el que esto escribe y su amigo del alma fueron una vez más a un monte navarro, al Ttutturre, cerca de Baraibar. La previsión meteorológica decía que a partir de mediodía entrábamos en una alerta de algún color por "fuertes rachas de viento en zonas expuestas". En un sube y baja continuo llegamos al ataque de la cumbre, sin demasiados problemas. El viento que nos había acariciado en los valles parece que se enteró de que tenía que cumplir la previsión, y coincidiendo con el mediodía, sopló y sopló como nunca lo habíamos soportado, y eso que ambos somos ya de edad provecta. Los últimos trescientos metros fueron un infierno donde casi se me vuelan las lentillas, donde avanzar era casi misión imposible y así acabé dos veces en el suelo. Es en esos momentos cuando te das cuenta de lo insignificantes que somos frente a las fuerzas de la Naturaleza, de cómo lo tuvieron que pasar nuestros antecesores en un mundo sin pronósticos, sin ropa técnica de montaña, sin botas con suela Vibram y sin GPS. Estamos donde estamos porque otros muchos resistieron a Mama (más bien madrastra) Natura. "Resistir es vencer". ¡Ah! Y llegamos a la cumbre, que conste, pero de la bajada mejor no escribo nada.

PS: En euskera "racha fuerte de viento" se dice "ufada". ¡Uf!



Derecha, izquierda, derecha...


martes, 22 de noviembre de 2011

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Ya pasó el 20N y sus quesitos de colores en la tele que no son mini-Babybel. Esta vez sí hubo ganadores claros y perdedores rotundos, y en todos los sitios se hablaba de derecha rampante y de izquierda agonizante. A estas alturas de la historia humana igual es muy simple eso de clasificar las políticas en esos dos extremos, aunque ya lo ha hecho la iglesia desde hace 2000 años poniendo a los buenos a la derecha de dios y llamando "siniestros" a los de la zurda (y es que la iglesia siempre ha sido muy de derechas, sensu lato). Yo creo que hay muchos tipos de personas y es difícil meter a todas en compartimentos estancos, pero sí que entre los Homo sapiens sapiens parece que hay dos tendencias claras, una hacia el altruismo, pensar en los demás, y otra hacia el egoísmo, pensar sólo en sí mismo. Vale que puede parecer una explicación simplista, vale que hay muchas izquierdas y muchas derechas, pero me gusta creer que este mundo sería diferente si fuésemos más altruistas independientemente de nacionalidad, lengua o color, aunque dada la dictadura de la economía y el recurso a eso tan clásico que es el hedonismo, hace que todo ese "pensar en los demás" quede en segundo plano cuando venza el "vaya yo caliente...". De momento resistiremos el embate de los egoístas con la táctica del judoka.



Pastilla roja, pastilla azul


miércoles, 16 de noviembre de 2011

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En la película Matrix, Morfeo le ofrece a Neo, el protagonista, dos pastillas para que elija. Con la azul seguiría en el mundo que conoce, controlado, sin fisuras, con un trabajo y una realidad clara. Si tomara la roja iría a un mundo real que parece tiene poco que ver con el suyo. Neo toma la roja y se sumerge en un planeta post-apocalíptico bajo el dominio de las máquinas, que en realidad es el mundo real y no el virtual en el que vivía. Allí empieza la acción y la zozobra. Estamos en tiempos de decisiones y en todos los sitios nos ofertan pastillas de todos los colores, rojas, más rojas, azules, verdes, magenta, con formas grabadas en la superficie como círculos, puentes y nos hablan de pelea, cambio, naturaleza, oportunidad, alternativa, ¡buf!, casi todo patrañas. Si de verdad estuviéramos en la tesitura de Neo, ¿elegiríamos la roja o la azul? ¿Elegiríamos lanzarnos a la aventura de conocer la supuesta cruda realidad o permaneceríamos en el mundo que conocemos? ¿Optaríamos por bucear en lo desconocido o seguiríamos abrazados al flotador y cerca de la orilla? Tal vez, sólo tal vez, una salida digna sería renunciar a las pastillas y pensar que la realidad es algo que fabricamos día a día, y que es tan bella o tan fea como nos la permitamos imaginar. ¿Y tú? ¿Roja o azul?



¿No es el final del camino? Pues sí.


domingo, 13 de noviembre de 2011

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Hoy he estado en un restaurante con una amiga y en la conversación ha salido la Muerte. Vale, no parece un tema muy adecuado cuando estás comiendo un bistec de vaca o unos muslos de pato aunque ambos animales estén kaput, pero hablábamos de si estamos preparados para enfrentarnos a la muerte, propia o ajena, o más que enfrentarnos, igual sería mejor decir, para asimilarla. En esta sociedad que parece va rauda hacia ningún sitio, hay una serie de temas que parecen tabú y que se tocan poco, se nombran menos y se trata de pasar de puntillas cuando salen a colación y, sin dudarlo, uno de ellos es el que habla del deceso. Las más de las veces buscamos eufemismos como "se fue a mejor vida", "salió del planeta", "nos mira desde arriba", "volverá de otra forma" según los gustos y creencias de cada uno, y casi siempre nos da un poco de repelús pensar en que no estamos aquí para siempre, ni nosotros ni los que queremos. Para una sociedad descreída como la nuestra la cosa se agrava porque no hay más allá, ni más acá, ni nada de nada después de la defunción, y esto genera aún más zozobra, como si quisiéramos ser eternos, como si fuéramos dueños de nuestra biología que es un camino directo a la tumba. No lo entendemos y no somos capaces de explicarlo a los peques, no queremos dejar ir a nadie pero es ley de Vida. Un grupo humano que no entiende la muerte está condenado a vivir con miedo y no saber partir. Algo habrá que hacer. SOS!



Risas enlatadas


viernes, 11 de noviembre de 2011

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Otra vez la alumnita de hace dos post la ha vuelto a liar, esta vez con la colaboración de su compi de pupitre que son casi como Isis y Nephtis, una rubia y otra morena. En un momento de receso en clase y hablando de las series de humor en televisión, se quejaban, casi a coro, de que en uno de esos programas habían eliminado las risas enlatadas esas que se oyen tras cada chiste o situación graciosa, y claro, ahora ya no sabían cuándo reírse. Estas infantes de 12 años no saben hasta qué punto pueden hacer descarrilar la locomotora que es el cerebro de su profe. ¡No te fastidia! Sin las risas,  no saben si una situación es graciosa y tienen que poner en marcha todos esos músculos de la cara que hacen falta para esbozar una sonrisa, reír o carcajearse a mandíbula batiente. Pero puede que no les falte razón y en eso radica lo más preocupante de la historia: necesitamos que nos guíen también en nuestras emociones. Da miedo hasta escribirlo, pero puede que sea así más veces de las que queremos admitir, y es posible que en una relación sentimental esa guía sea adecuada y fructífera. Otras veces es camino seguro al abismo.



La mentira tiene las patas cortas


miércoles, 9 de noviembre de 2011

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Hoy he oído en la radio a Iker Galarza, el Pruden de "Vaya Semanita", un tipo que habla muy bien y ha declarado que en su programa de humor, "contamos mentiras para decir verdades". Ummm, sugerente. Para un trabajo que quiere reírse de ciertas actitudes de nuestra sociedad puede ser útil, pero en la vida real el aforismo no funciona. Desde pequeños nos enseñan que está feo mentir pero enseguida entendemos que con falsedades se pueden lograr cosas agradables o evitar otras bastante desagradables. Casi desde la cuna sabemos decir "yo no he sido" como si naciéramos con esa palabras grabadas en el encéfalo, mentimos para ocultar lo que hemos hecho, lo que vamos a hacer o lo que de verdad queremos hacer, pero eso sí, pedimos sinceridad a todos los de nuestro alrededor. Tenemos un morro que nos lo pisamos. Lo que sí desarrollamos con tanta práctica "patrañera" es saber quién es mentiroso en sus diversas gradaciones, infantil, inofensivo, interesado, compulsivo y... político (vale, no he podido evitarlo). Sabemos cuando alguien miente y a veces hasta adivinamos sus intenciones, tanto es así que podemos llegar a ser cómplices de lo que desea ese/a "patrañas". ¡Parece mentira!



La importancia de una letra. O dos.


martes, 8 de noviembre de 2011

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El otro día una de mis alumnitas de primero de DBH (ESO), leía lo que habían comentado en una reunión con el director. Tras las primeras advertencias y noticias, tenía información sobre los siguientes eventos en el insti, y ella leyó "evacuación" en vez de "evaluación" (en euskera también suenan parecido), y después de las risas, de ponernos un poco escatológicos (habitualmente nos ponemos sicalípticos), me quedé pensando en lo mucho que puede variar el sentido de una palabra cambiando una letra, o añadiéndola, o quitándola. Así tenemos casada y cansada, capitalismo y canibalismo, escuela y esquela... ¡Eh! ¡Alto ahí! Una de las principales ignominias que caen sobre nuestro oficio de docentes, es que matamos la creatividad y ni siquiera vamos a su funeral, sino que lo celebramos con un examen y unos cuantos pencos. Quizá tengamos que diferenciar bien qué es formación, qué es educación, qué es atención y qué son los milagros, porque desasnar la "burricie" que algunos traen de casa igual es más cosa de Lourdes que de profesionales de la educación. O de la formación. O de ambas. Si los progenitores no han invertido nada en su peque, que no esperen obtener dividendos. Donde no hay mata, no hay patata. Ni alavesa ni ninguna.



Un proyecto para seguir viviendo


jueves, 3 de noviembre de 2011

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Ayer en Donostia, un amigo que cuida ancianos nos contaba lo importante que es tener un proyecto. Personas que él cuida se van marchitando porque se han abandonado, se quedan mirando la vida pasar, entran en depresión y mueren antes. A lo largo de nuestra vida los monitos desnudos que somos vamos elaborando proyectos, a veces quiméricos,  otras veces reales, las más ni lo uno ni lo otro, y así, cruzando metas volantes o la gran meta del proyecto conseguido, vamos invirtiendo energías, cosechando triunfos o sinsabores, pero aprendiendo, y por lo tanto estamos vivos. En cuanto damos todo por sabido o estamos a la espera del último retortijón que nos dé nuestro cuerpo, justo en ese momento en el que abandonamos nuestra vida a la inercia, se apaga nuestra existencia aunque permanezcamos aún en el planeta. La diferencia entre un ser humano que tiene inquietudes, que proyecta cuál será su próxima meta y el que ya no cuenta con ninguna, es la que hay entre la luz y la oscuridad, entre estar vivo o no estarlo. Y no lo olvidemos, aprendiendo, tanto de los éxitos como de los fracasos. Y tú ¿ya tienes algún proyecto?


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